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El régimen colonial


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HISTORIA DE LA TRIBUTACIÓN EN GUATEMALA
(DESDE LOS MAYAS HASTA LA ACTUALIDAD)
GUATEMALA, DICIEMBRE DE 2007

(Ir a Index de Contenidos Historia de la Tributacion en Guatemala)

El régimen colonial
El aparato político administrativo en Indias pasó por un proceso de ajuste y reacomodo, producto de la expansión en territorios desconocidos. Ciertamente, el reino de Castilla y Aragón no estaba preparado para acometer una empresa de tal envergadura. Puede decirse que en los primeros años del proceso de conquista y colonización, los Reyes Católicos no tenían idea de la magnitud de sus nuevos territorios ni de la riqueza que podían obtener de ellos.

Esto no significa que la Corona no haya tomado las medidas mínimas que le aseguraran la posesión y el dominio de las Indias. Por ejemplo, Cristóbal Colón, antes de hacerse al mar, había firmado las capitulaciones de Santa Fe, que establecieron el carácter de la empresa del descubrimiento y los derechos de cada una de las partes en el caso de llegar a descubrir nuevas tierras.

La Corona también trató de controlar la voracidad de los conquistadores que desde Santo Domingo partieron hacia tierra firme en busca de gloria y fortuna. De ahí que recompensara con gobernaciones a descubridores y conquistadores y al mismo tiempo limitara sus facultades mediante contratos o capitulaciones. Así trataba de evitar que en aquellos vastos y lejanos territorios surgieran entidades políticas independientes, al mismo tiempo que aseguraba la reducción y colonización de sus dominios.(9) A esta caótica primera etapa de descubrimiento y conquista, que cronológicamente abarcó alrededor de 40 años, le siguió un período de consolidación de las instituciones necesarias para asegurar la permanencia del nuevo régimen, que a mediados del siglo XVI ya presentaba cierta estabilidad institucional característica de la era de los Habsburgo.(10)

Dos instituciones fueron fundamentales para atender los asuntos relacionados con las Indias: la Casa de Contratación (1503) en Sevilla, se encargó de regular el comercio y el control de pasajeros y carga, y el Consejo de Indias (establecido formalmente en 1517) que coordinaba la organización administrativa, la autoridad legislativa y el control político de los asuntos relacionados con América.

La organización del territorio
La Corona organizó dos vastas jurisdicciones políticas en las Indias, los virreinatos de Nueva España y Perú. Del primero dependían las provincias situadas al norte del istmo de Panamá; el segundo administraba la mayor parte de América del Sur. Los virreyes, como representantes directos de la Corona, ejercían la autoridad suprema dentro de su jurisdicción, supervisaban la justicia, la hacienda y los aspectos seculares relacionados con la Iglesia.(11) Con el paso del tiempo la autoridad del virrey fue reduciéndose, llegando a ser un mero ejecutor de las órdenes reales.

Del virreinato de Nueva España dependían las audiencias de Santo Domingo, México, Guatemala y Guadalajara. En términos generales, las audiencias eran entidades con funciones gubernativas, de carácter eminentemente judicial, las cuales eran ejercidas por su presidente o por los oidores, mediante los llamados autos acordados, que tenían fuerza de ley. Una de sus funciones más representativas era “cuidar atentamente la real hacienda y de los repartimientos de indios”.(12) El presidente de la audiencia generalmente era el gobernador y, aunque en teoría dependía del virreinato, ejercía poderes autónomos y respondía de sus actos ante el rey y su Consejo de Indias.(13)

Los gobernadores se encargaban de la administración de las jurisdicciones territoriales enmarcadas dentro de un virreinato y ejercían dentro de su territorio la máxima autoridad judicial y política. Seguían en el orden jerárquico descendente los alcaldes mayores y corregidores, quienes estaban a cargo de una demarcación territorial menor. En el siglo XVIII, dentro del marco de las reformas Borbónicas, se implantó en América el régimen de intendencias, que fue reglamentado en 1786.

El ayuntamiento era la unidad inferior en la jerarquía administrativa pero su importancia fue más allá de sus límites jurisdiccionales. La ciudad era por definición el lugar de residencia de los españoles (en teoría, los españoles no podían vivir en pueblos de indios) que encontraron en el cabildo el espacio apropiado para ejercer una autonomía limitada. El cabildo estaba compuesto por alcaldes y regidores, que variaban en número según la importancia de la ciudad. Miembros del cabildo eran el alférez real, el alguacil mayor (jefe de policía), el fiel ejecutor (inspector de pesos y medidas y encargado del abastecimiento de alimentos y de la regulación de precios en el mercado) y el escribano, entre otros. Los conquistadores, después de someter un territorio, fundaban una ciudad y establecían algún tipo de organización municipal. Tal era el arraigo que el municipio tenía en Castilla como espacio de poder y privilegio local.(14)

Con el tiempo, y debido a la práctica de vender puestos públicos implementada por Felipe II en 1591, los cargos del cabildo se volvieron hereditarios. De ese modo, el cabildo llegó a ser el instrumento por el cual la elite expresaba sus intereses sociales y económicos. Un círculo reducido de familias acaudaladas dominaba la administración municipal. “Surgió así un tipo de gobierno municipal de carácter oligárquico, en el cual no siempre coincidían los intereses particulares de los regidores con los generales de los vecinos, que debían ser sus representados”.(15) Este espacio local fue aprovechado por los criollos (hijos de españoles nacidos en América) como centro político relativamente autónomo de la metrópoli. En las postrimerías del régimen colonial, el cabildo jugó un papel determinante en los afanes independentistas de las colonias americanas.

La implementación del régimen colonial
La conquista del actual territorio centroamericano tuvo como consecuencia inmediata la puesta en práctica de medidas de diversa índole que aseguraran el dominio español sobre la población vencida. Una de las primeras medidas fue la división territorial en gobernaciones claramente definidas. En los primeros años, las gobernaciones eran concedidas por méritos de conquista. Por ejemplo, a Pedro de Alvarado le fue concedida la gobernación de Guatemala (1527-1541) y Pedrarias Dávila fue nombrado gobernador de Nicaragua (1527- 1531). Los primeros años fueron una etapa de laissez-faire que llegó a su fin cuando la Corona emprendió la “conquista burocrática” de sus posesiones en América. En ese sentido, la Audiencia fue el instrumento clave para asegurar el dominio regio sobre las colonias.(16) Las primeras audiencias en Indias se establecieron en Santo Domingo (1511), México (1528) y Panamá (1538). La creación de la audiencia en Centroamérica fue producto de las Ordenanzas de Barcelona o Leyes Nuevas (1542) y, en buena medida, puede atribuirse a la presión que Bartolomé de las Casas ejerció para poner coto a los abusos y maltratos que sufría la población indígena a manos de los encomenderos. Las Leyes Nuevas suprimieron la audiencia de Panamá y ordenaron la creación de una audiencia en “los confines de Guatemala y Nicaragua”, cuya jurisdicción abarcaba el istmo centroamericano. En 1544 se instaló la audiencia en Gracias a Dios, Honduras pero a instancias de su segundo presidente, Alonso López de Cerrato, fue trasladada cinco años más tarde a la ciudad de Santiago de Guatemala.

Escándalos administrativos del presidente Juan Núñez de Landecho (1559-1563) motivaron la disolución de la audiencia y el territorio fue puesto bajo la jurisdicción de la Nueva España. En 1567 la Corona decidió reinstalar la audiencia, acto que se verificó en 1570. Con el nombre de Audiencia de Guatemala se constituiría en el centro administrativo y comercial de la región, extendiéndose desde Chiapas a Costa Rica.(17) La audiencia de Guatemala tenía carácter pretorial pues su presidente era al mismo tiempo gobernador y capitán general. De ahí que el Reino de Guatemala fuera una entidad política relativamente autónoma, aunque nominalmente era parte del Virreinato de la Nueva España.

Los funcionarios enviados a ocupar el cargo de presidente de la Audiencia no escaparon a las tentaciones del nepotismo. El primer presidente de la Audiencia de los Confines, Alonso de Maldonado, no encontró reprensible dar en encomienda a sus familiares y amigos los pueblos que quedaban vacantes por la muerte del propietario. No violentaba la sucesión, lo que hacía era inclinar la ley en su provecho pues los casaba con las herederas, fueran viudas o hijas. El tercer presidente, Núñez de Landecho, no acató la instrucción de la Corona de recuperar de las manos de los encomenderos la región de los Izalcos (El Salvador) donde se localizaba el puerto de Acajutla. Al contrario, debido a su influencia, este grupo reforzó su posición monopolista en el comercio del cacao.(18) Gracias a los registros de sus actuaciones, puede afirmarse que estos dos funcionarios inauguraron las prácticas de corrupción en el aparato administrativo colonial establecido en Guatemala.

La administración regional a mediados del siglo XVI recaía en los corregimientos. Después de 1570 se fueron creando gobernaciones y alcaldías mayores. En 1646 había en la Audiencia de Guatemala cuatro gobernaciones, ocho alcaldías mayores y 16 corregimientos (Mapa 2.1).(19) La división administrativa fue sufriendo alteraciones a lo largo del período colonial, cuyo norte fue la búsqueda de un control más directo sobre el territorio y la población.

La castellanización de los nuevos territorios dependía en buena medida de la creación de instituciones que reprodujeran la organización social y económica de la metrópoli. Era necesario fundar entonces ciudades o villas, las puntas de lanza del sistema colonial, que se convertirán en los centros de ejercicio del poder. Desde el momento de su fundación, en cada ciudad se designaba a los miembros del cabildo. El cabildo de Santiago de Guatemala fue un caso típico del desarrollo de esa institución durante el régimen colonial. En sus primeros años estuvo compuesto por conquistadores/encomenderos. A mediados del siglo XVI, con la instalación de la audiencia, la posición política y económica de este grupo empezó a decaer. La venta de los cargos públicos facilitó que los puestos del cabildo cayeran en manos de la elite criolla compuesta principalmente por comerciantes.

Aunque las leyes de Indias prohibían que los regidores se dedicaran al comercio, una real cédula de 1608 permitió que los miembros del cabildo de Santiago de Guatemala pudieran hacerlo. De esa cuenta, a partir de la segunda mitad del siglo XVII, la mayoría de los regidores eran comerciantes.(20) El número de regidores del cabildo de Santiago de Guatemala creció hasta llegar a 18 en los años 1640-49.(21) Desde el cabildo, esta elite se encargó de controlar el intercambio comercial con la metrópoli y otras colonias americanas. El poder económico acumulado por este grupo lo colocó en la cúspide de la organización social colonial local. De hecho, la permanencia de varias familias en el cabildo y otras instituciones importantes, por ejemplo en la Iglesia, puede rastrearse desde las primeras décadas del siglo XVII hasta la independencia.(22)

Mapa 2.1
División política de la Audiencia de Guatemala, siglo XVII

FUENTE: Gustavo Palma Murga, “Economía y sociedad en Centroamérica, 1680-1750”, en Historia General de Centroamérica, Tomo II, Julio César Pinto Soria, editor del tomo (Madrid: FLACSO/Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1993), p.278.

El cabildo también se estableció en los pueblos de indios del altiplano de Guatemala y Chiapas. Estaba a cargo de indígenas, generalmente descendientes de principales, y su autonomía y poder de decisión eran limitadas. Este cabildo surgió como parte de la estrategia de ligar formalmente la población indígena al sistema administrativo colonial. En la segunda mitad del siglo XVIII, los Borbones introdujeron una serie de reformas que perseguían la reestructuración del sistema. Carlos III fue el monarca que llevó a cabo la mayoría de tales reformas.(23) El complicado sistema administrativo de los Habsburgo fue sustituido por uno más simple y centralizado, cuyo propósito era la consolidación del poder para aumentar la autoridad del estado español.(24) Se abolió la venta de oficios públicos (excepto para el cabildo) y las alcaldías mayores y corregimientos fueron sustituidos por el régimen de intendencias en 1785-1786. Era responsabilidad de los intendentes la administración pública, la administración de justicia y la defensa. Las intendencias fueron en su mayoría ocupadas por peninsulares (españoles llegados de la metrópoli) que relegaron a los criollos a posiciones menores.

Las reformas borbónicas en Centroamérica estuvieron orientadas por objetivos que perseguían estimular el comercio e intercambio, limitar el poder de la Iglesia católica, modificar la administración territorial con el régimen de intendencias, reformar la estructura impositiva y reducir la presencia de los ingleses en la región.(25)

Características generales de la economía
La economía de la región hubo de insertarse de forma súbita en la economía europea, caracterizada a partir del siglo XVI por la expansión del comercio y del mercado, proceso que culminará a mediados del siglo XVIII y que precedió a la revolución industrial del siglo XIX. Dentro de este contexto mercantilista, la Corona estableció un “pacto colonial” en donde la metrópoli monopolizó el comercio, mientras que los precios eran controlados por un grupo de comerciantes y mercaderes que a su vez dominaban la comercialización y el abastecimiento de las colonias. La Corona además controló las rutas de comercio ultramarino. En la práctica, el monopolio se vio amenazado por el contrabando, la piratería y los intereses de los grupos de comerciantes que se fueron formando en las colonias. El sistema productivo de las posesiones españolas en América se orientó en primera instancia a abastecer el mercado europeo de metales preciosos, productos agrícolas tropicales y materias primas. La región centroamericana tenía poco que ofrecer, convirtiéndose entonces en una zona periférica del vasto imperio español. El primer interés de los conquistadores/colonizadores fue la explotación de los metales preciosos que en Centroamérica no alcanzó un gran desarrollo debido a la escasez y pobreza de los yacimientos. Sólo Honduras llegó a producir cierta cantidad de oro y plata, que palidecía si se le comparaba con lo producido por las minas mexicanas. La producción minera hondureña alcanzó su punto máximo en los últimos 25 años del siglo XVI y después empezó a decaer, aunque no desapareció completamente.(26)

El cacao se convirtió en un producto apreciado por su valor en el mercado. Desde mediados del siglo XVI empezó a exportarse, principalmente a la Nueva España. La producción cacaotera se situaba en el litoral del océano Pacífico, desde Soconusco hasta El Salvador. Corrió la misma suerte que los minerales hondureños y hacia finales del siglo había perdido competitividad.

Después del cacao, el añil (índigo) pasó a ser el cultivo comercial de exportación más importante de la región centroamericana en las primeras décadas del siglo XVII, tendencia que se mantuvo hasta los últimos años del período colonial y en los primeros años de la época independiente.(27) La economía del Reino de Guatemala tuvo además otro eje, la producción de subsistencia. Existieron además mercados regionales, especialmente de ganado y cuero. El comercio exterior estaba dominado por la necesidad de importar gran variedad de productos, desde mercurio para la minería hasta aceite y vino para las celebraciones eucarísticas.

El tributo era parte fundamental de la economía. Esta dependencia ejerció una presión considerable sobre la población indígena, pues el ingreso debía mantenerse a pesar de epidemias, malas cosechas o desastres naturales. El pago del tributo en especie servía como base para el comercio pues ponía en circulación gran cantidad de bienes de consumo: maíz, trigo, algodón, madera, cacao e hilados y tejidos, que se vendían en subastas públicas.(28) En suma, los productos comerciales para exportación (cacao y añil) y la fuerza de trabajo indígena “fueron los soportes de la organización y reproducción de una débil economía interna”.(29)

Los mercados regionales y el comercio exterior estaban controlados por los comerciantes de Guatemala. Los añileros salvadoreños, los mineros hondureños y los ganaderos nicaragüenses dependían de Guatemala tanto para financiar sus actividades como para vender sus productos. En este intercambio desigual los comerciantes guatemaltecos eran los más beneficiados. En la última mitad del siglo XVIII, la demanda mundial de añil favoreció a los comerciantes guatemaltecos, quienes en los últimos 30 años de ese siglo disfrutaron de gran prosperidad. Este período llegó a su fin cuando, en los primeros años del siglo XIX, la producción masiva de añil en la India provocó una baja en los precios del producto.(30) El efecto sobre la economía fue devastador. El añil proveía los medios para pagar por las importaciones y proporcionaba a los comerciantes guatemaltecos recursos para financiar otros aspectos de la economía. Con la baja en las importaciones, las cajas reales registraron menos ingresos y la administración colonial se debilitó. “La declinación constante de los ingresos reflejaba el deterioro de la economía centroamericana”.(31)

Esta debacle económica, combinada con la debilidad del gobierno y otros factores externos (la crisis de la monarquía española a principios del siglo XIX, por ejemplo) contribuyeron a crear un clima revolucionario que eventualmente llevaría al movimiento independentista.(32)

El impacto de la conquista sobre la población indígena
Una de las consecuencias económicas más importantes de la conquista fue la apropiación y explotación de la fuerza de trabajo indígena por parte de los españoles. Los conquistadores y primeros colonizadores del Reino de Guatemala buscaban sobre todo el enriquecimiento rápido pero no a costa de su trabajo personal. En consecuencia, articularon diversas formas de obtención de riqueza basadas precisamente en el recurso más abundante, la población. Esta intervención traumática alteró decisivamente la organización socioeconómica de los pueblos indígenas, generando nuevas formas de sujeción al poder.

Las acciones de los conquistadores/colonizadores tuvieron como sustrato legal la disposición de Carlos V de 26 de junio de 1523:
Porque es cosa justa y razonable, que los indios que se pacificaren y redujeren a nuestra obediencia y vasallaje, nos sirvan y den tributo en reconocimiento del señorío y servicio que como nuestros súbditos y vasallos debe, pues ellos también entre sí tenían costumbre de tributar a sus Tecles y Principales. Mandamos que se les persuada a que por esta razón nos acudan por algún tributo en moderada cantidad, como y en los tiempos que se dispone por las leyes de este título…(33)

La institución a través de la cual se formalizó la explotación del indígena fue la encomienda (llamada también repartimiento) que desde el punto de vista del conquistador era una recompensa justa por sus servicios militares a la Corona. En términos simples, la encomienda consistió en poner bajo la custodia de un conquistador/colono, el encomendero, un número determinado de habitantes de un pueblo o un grupo de pueblos, que debían servirlo. A cambio, el encomendero debería instruirlos en los principios de la fe católica. La encomienda no otorgaba la posesión de la tierra en que se localizaban los pueblos asignados y tampoco ponía límites a las formas en que el encomendero podía utilizar el trabajo indígena.(34)

Las encomiendas se concedían mediante cédulas o títulos, en los cuales se registraba el nombre del pueblo o pueblos repartidos y el nombre del beneficiario. El siguiente texto de una encomienda otorgada por Jorge de Alvarado en 1528, ilustra los términos de tales documentos:

Por este medio encomiendo a vos, Gonzalo de Ovalle, vecino de esta ciudad de Santiago, la provincia de Tianguizteca, con sus señores y nobles y todos sus pueblos dependientes, y el pueblo de Petatlan, que está cerca de la dicha provincia, y el pueblo de Tasisco, que está cerca de Guazacapan, también con sus pueblos dependientes, según las Ordenanzas de la Nueva España, y con la obligación de adoctrinar los dichos pueblos en los asuntos concernientes a nuestra Sagrada Fe Católica, aplicando a esta obligación toda la diligencia posible… Dado en la ciudad de Santiago, el 29 de marzo de 1528.(35)

La asignación de los habitantes de uno o varios pueblos permitió a los encomenderos apropiarse del trabajo indígena mediante el tributo. Aunque en la organización socioeconómica de las unidades políticas prehispánicas existía esta práctica, la exacción del tributo mediante la encomienda excedió con creces la costumbre y con frecuencia derivó en la explotación de los indígenas.

Durante los años posteriores a la conquista, los encomenderos ejercieron sus derechos con muy pocas limitaciones por parte de la Corona. “La encomienda será en sus primeros veinticinco años fundamentalmente el ejercicio del derecho a servirse de los indios en cuantas necesidades tuviera el encomendero…”.(36) Las epidemias que diezmaron a la población nativa y la resistencia indígena ante las demandas de los españoles, fueron los factores que amenazaron la existencia de la encomienda en esos años. En los primeros cincuenta años del siglo XVI, por lo menos dos pandemias afectaron a la población indígena. La consecuencia inmediata fue la sobreexplotación de los sobrevivientes.(37)

El primer intento para determinar la capacidad de los indígenas para pagar tributo data de 1535 y fue promovido por el entonces oidor de la audiencia de la Nueva España, Alonso de Maldonado. Pedro de Alvarado, en su calidad de gobernador, y el cabildo de Santiago, se opusieron a las intenciones de Maldonado. La primera tasación de tributos (es decir, la valoración de los pueblos según su capacidad para tributar, basada en el número de habitantes) se realizó en los años 1536-1541 y fue el resultado de la alianza entre Maldonado y el arzobispo Francisco Marroquín para vencer la oposición de Alvarado y el cabildo.(38)

Con la promulgación de las Ordenanzas de Barcelona o Leyes Nuevas en noviembre de 1542, Carlos V intentó moderar las acciones de los encomenderos y restringir su poder económico y político. La instalación de la Audiencia de los Confines, que se llevó a cabo en mayo de 1544 bajo la presidencia de Alonso de Maldonado, fue el primer paso hacia la consolidación del poder de la Corona. Las Leyes Nuevas abolieron la esclavitud y el trabajo forzado de los indígenas que se había venido practicando principalmente en las minas. A partir de su promulgación, la encomienda dejó de ser hereditaria y a la muerte del encomendero los indígenas pasaban a servir al Rey. Aquellas que estuvieran en manos del clero secular, de órdenes religiosas y de servidores e instituciones públicas pasaron a la Corona. Los afectados se opusieron a tales medidas pero finalmente prevaleció la decisión real.(39)

La voluntad de hacer cumplir el contenido de las Leyes Nuevas fue manifiesta durante la presidencia de Alonso López de Cerrato (1548-1555), que llevó a cabo una tasación de tributos en los años 1549-1551. Veintidós de las 61 encomiendas otorgadas por Jorge de Alvarado en 1527-1529, estaban en posesión del encomendero o sus herederos al momento de la tasación.(40) Cerrato no realizó un repartimiento de encomiendas. Lo que hizo fue disminuir el número de tributarios por poblado y moderar la cantidad de tributo y servicios personales. La tasación de Cerrato registró 169 pueblos, incluidos 17 de la Corona, con un total de 23,769 tributarios.(41)

Los encomenderos se sintieron agraviados por la medida y reaccionaron fuertemente contra Cerrato.(42) Por ejemplo, en 1555 los herederos de Sancho de Barahona, encomendero de Atitlán, se quejaron por la reducción de sus tributos:

… por odio y mala voluntad que me tenía y tiene desposeyó a mi parte de la mitad del dicho tributo, y por manera de tasación mandó a los indios del dicho pueblo que no diesen ni pagasen más de la mitad que son 100 cargas de cacao, lo cual no pudo ni debió hacer… [porque] estos tributos se pagan justa y derechamente y son debidos por la sustentación de la predicación evangélica.(43)

En cada pueblo, los indígenas de 18 a 50 años de edad eran los encargados de satisfacer las exigencias del tributo. Estaban exentos del pago del tributo los principales, sus hijos mayores y los que ejercieran la gobernación de los pueblos en el lapso en que desempeñaran el cargo.(44) El tributo se entregaba dos veces al año, en junio y en diciembre. El pago del tributo se hacía en especie. El encomendero podía recibir desde artículos de consumo diario (maíz, aves de corral, miel) hasta productos agrícolas con más valor en el mercado, como el cacao y el algodón. También se acostumbraba el pago en productos manufacturados, mantas de algodón, por ejemplo.(45) El servicio personal que los indígenas prestaban a los encomenderos cuidando ovejas o ganado, cultivando parcelas o haciendo trabajos domésticos, fue sustituido por Cerrato por una cantidad compensatoria en moneda o especie.

Es de hacer notar que el pago del tributo al encomendero era una de tantas obligaciones que recaían sobre los indígenas, que además debían procurar el sustento de su familia y dedicar parte de su tiempo a satisfacer las necesidades de su comunidad. También debían prestar servicios a la Iglesia y los clérigos.(46) Otra obligación de los indígenas asentados en pueblos fue la contribución a las cajas de comunidad. Estas fueron instituidas en 1582, con el propósito de reunir fondos para “los gastos comunes”. La contribución era de 1 ½ real o media fanega de maíz por individuo.(47) En 1639 la administración de los fondos pasó a manos de oficiales reales, quedando a los cabildos indígenas el derecho de petición.(48) Existieron también otros tributos específicos, como el “tributo real” y el “tostón del rey”. El primero recaía exclusivamente sobre las tierras dedicadas al cultivo del cacao. Los propietarios de cacaotales, fueran particulares o pueblos, debían pagar cierta cantidad por cada árbol de cacao. El “tostón del rey” tuvo su origen en un requerimiento que hiciera Felipe II en 1591, a causa de las “públicas necesidades” del reino. Los indígenas de Nueva España y Guatemala debían contribuir con cuatro reales cada uno, es decir, un tostón. Esta medida implicó que los tributarios vendieran su cosecha u otro tipo de bien para reunir esa cantidad.(49)

La tasación de Cerrato fue una de tantas que se llevaron a cabo con el propósito de regular el pago del tributo. Con el paso del tiempo se fue abandonando la práctica del pago en especie, que fue sustituido por el pago en moneda corriente. En 1747, los Borbones estipularon que el tributo que se pagaba en bienes en adelante debería pagarse en moneda.(50) De la misma manera, a la par de la desaparición paulatina de la encomienda, se desarticuló el sistema que consideraba al pueblo como unidad tributaria y se estableció el tributo individual.(51)

Una vez superada la crisis demográfica del siglo XVI, el número de tributarios siguió el ritmo natural del crecimiento de la población. Por ejemplo, en 1698 había en todo el Reino de Guatemala 93,682 tributarios, de los cuales 32,959 aún pertenecían a 147 encomiendas. Los restantes tributaban directamente a la Corona o a la Iglesia. Un siglo más tarde, había 114,234 tributarios en las 14 demarcaciones territoriales que constituían el Reino. De estos, 64,371 pertenecían a alcaldías mayores y corregimientos localizados en Guatemala.(52)

La participación de la Iglesia católica en la construcción del nuevo orden
La conquista española de América estuvo ligada íntimamente a la Iglesia católica. La tradición católica militante que había surgido en la península en los años de la Reconquista, encontró otro campo de acción en el nuevo mundo.(53) Puede hablarse, sin embargo, de dos procesos. El primero, eminentemente político, inició con la intervención del Papa Alejandro VI en la división simbólica del mundo entre españoles y portugueses. Instituciones como el Real Patronato indiano dieron a la Iglesia católica un enorme poder político, social y económico en América. El segundo fue emprendido por los curas misioneros que, animados por la propagación de su fe, emprendieron la “conquista espiritual” del nuevo mundo, la evangelización de los nuevos infieles: los indígenas.

Los Habsburgo encontraron la justificación moral de la conquista y colonización en la cristianización de los indígenas. La Iglesia católica les concedió el derecho exclusivo sobre la conversión de los pobladores del nuevo mundo. La bula inter caeteras de 1493 fue revalidada en 1501 por otra bula papal que autorizó a la Corona a recolectar el diezmo eclesiástico a cambio de la construcción de templos y el mantenimiento de la Iglesia. En 1508, el papa Julio II estableció formalmente el Patronato Real, por medio del cual “los reyes de España determinaban en sus reinos las jurisdicciones territoriales de la Iglesia, presentaban candidatos a todos los oficios eclesiásticos y cobraban el diezmo, reteniendo parte de él y haciendo distribución del resto”.(54) En la práctica, la Iglesia se convirtió en parte del gobierno colonial.

Con el propósito de establecer la autoridad de la Corona sobre el clero, en 1530 la región centroamericana se dividió en cuatro obispados: León (Nicaragua), Trujillo (Honduras), Guatemala y Chiapas, estructura jurisdiccional que no sufrió mayores cambios durante la época colonial.(55) A pesar del entusiasmo de los primeros misioneros, la evangelización de los indígenas se hizo cuesta arriba, en primer lugar por la barrera del idioma y en segundo lugar porque la población excedía en número la capacidad de los clérigos seculares para realizar sus labores evangelizadoras. No obstante, la Iglesia fue un importante factor de control social de la población indígena.

El poder económico de la Iglesia se derivó en gran parte de la relación que mantuvo con las familias más acaudaladas. Era común la fundación de “capellanías” o donación de bienes muebles o inmuebles con el propósito de establecer “una memoria perpetua de misas” o bien heredar la totalidad o parte de esos bienes a la Iglesia. La dote era, en el caso de algunas órdenes femeninas, una manera de aportar capital. Rentas procedentes de otras fuentes, por ejemplo el diezmo, constituían la base financiera del poder de la Iglesia, especialmente de la diócesis de Guatemala.(56)

El diezmo, un cargo del diez por ciento sobre la producción agrícola, era una parte importante del patronato real. Los indígenas no pagaban el diezmo, aunque contribuían a la manutención de la Iglesia por otros medios.(57) Del total recaudado por la Iglesia en concepto de diezmo, sólo una parte correspondía a las cajas reales, como se verá adelante. El Cuadro 2.1 resume el ingreso por diezmo de la diócesis y arquidiócesis de Guatemala durante el período colonial. En el incremento de ingresos que se registra en la segunda mitad del siglo XVIII jugaron un papel importante la recaudación más eficiente y el aumento de la población no indígena.(58)

Cuadro 2.1
Ingreso anual por concepto de diezmo en la diócesis y arquidiócesis de Guatemala, 1626-1820


Año Pesos Año Pesos Año Pesos Año Pesos
1626 19,300 1670 25,500 1710 24,510 1770 51,083
1630 21,000 1675 29,000 1725 22,012 1775 65,299
1635 8,750 1680 29,000 1730 19,892 1780 84,438
1645 30,300 1685 25,000 1739 27,216 1786 90,717
1650 26,300 1690 25,000 1750 31,315 1805 99,694
1655 25,250 1695 36,000 1755 23,513 1810 82,730
1660 25,499 1700 22,619 1760 22,548 1815 68,225
1665 24,000 1705 23,000 1765 46,853 1820 131,116

FUENTE: Wortman (1982), Op. cit., p.280; Adriaan C. van Oss, Catholic Colonialism: A Parish History of Guatemala, 1524-1821 (Cambridge: Cambridge University Press, 1986), pp.132-133.

Por otro lado, el dinero acumulado por las órdenes religiosas sirvió para que éstas actuaran como instituciones financieras de préstamo y crédito, de esa manera una parte de los recursos de la Iglesia retornaban al sector productivo. El capital circulaba gracias al censo, un préstamo concedido al 5% de interés a personas individuales que ofrecían como garantía algún bien inmueble. En muchos casos los propietarios caían en mora y a la larga perdían la posesión. “En sólo un protocolo del escribano Luis de Andino, residente en la ciudad de Santiago de Guatemala, se contabilizó la suma de 659,311 pesos dados a censo durante el período 1646-1674, significando un promedio anual de 23,546 pesos manejados por conventos de frailes y monjas bajo tal concepto”.(59) El censo facilitó la acumulación de propiedades urbanas y rurales en manos de las diferentes órdenes religiosas.

Con la llegada de los Borbones al trono español se adoptaron algunas medidas cuya intención era controlar el poder de la Iglesia. La Corona alcanzó parte de sus propósitos cuando Carlos III expulsó a los jesuitas de todos sus dominios en 1767. El poder económico de la Iglesia se redujo gracias a la limitación impuesta sobre la recolección del tributo y el control de los fondos de las comunidades indígenas. Finalmente, en 1803 la Corona ordenó la consolidación de todos los préstamos concedidos por la Iglesia y su pago a las cajas reales. Esta medida significó la pérdida de bienes de cofradías y capellanías y muchas órdenes religiosas quedaron prácticamente en quiebra. Coincidió con la baja en los ingresos del diezmo, especialmente en el caso del Arzobispado de Guatemala, que vio afectados sus ingresos por la caída en la producción del añil.(60) En suma, las reformas borbónicas disminuyeron el poder económico de la Iglesia pero no acabaron con ella. Desposeída parcialmente de su poder temporal, siguió ejerciendo el control del ámbito espiritual.


9 Haring, Op. cit., pp.36-39; Richard Konetzke, América Latina: la época colonial, 11ª ed. (México: Siglo XXI Editores, 1981), p.117.
10 Ibid., p.105. Juana, hija de Isabel y Fernando, fue esposa de Felipe el Hermoso, heredero de la Casa de Austria, de su unión nacería Carlos V de Alemania (Carlos I de España). De esa suerte, la dinastía de los Habsburgo pasó a gobernar España y sus dominios de ultramar. El reinado de Carlos V se prolongó durante 37 años (1519-1556). Lo sucedió su hijo, Felipe II, que estuvo al frente de la monarquía en los años 1556-1598.
11 Ibid., p.159
12 José María Ots Capdequí, Manual de histora del derecho español en las Indias y del derecho propiamente indiano (Buenos Aires: Losada, 1945), p.359.
13 Haring, Op. cit., p.107.
14 Ibid., pp.209 y 214-215.
15 José María Ots Capdequí, El estado español en las Indias (México: Fondo de Cultura Económica, 1941), pp.61-62.
16 Stephen Webre, “Poder e ideología: la consolidación del sistema colonial, 1542-1700”, en Historia General de Centroamérica, Tomo II, Julio César Pinto Soria, editor del tomo (Madrid: FLACSO/Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1993), pp.152-153.
17 Ibid., p.155.
18 Kramer, Op. cit., pp.191 y 194. MacLeod cita a un relator de la audiencia de México que puso en conocimiento del Rey esas irregularidades pues muchos de los parientes y amigos de Maldonado regresaron a España “con los salarios veinte veces doblados”. Núñez de Landecho fue depuesto por decreto real en mayo de 1563 y fue condenado a pagar 30 mil pesos oro por los abusos cometidos como gobernador. Murdo J. MacLeod, Historia socio-económica de la América Central española, 1520-1720 (Guatemala: Piedra Santa, 1990), pp. 72-73.
19 Webre, Op. cit., pp.158-159.
20 Ibid., p.161.
21 José Manuel Santos Pérez, Elites, poder local y régimen colonial: el cabildo y los regidores de Santiago de Guatemala, 1700-1787 (Cádiz: Universidad de Cádiz/Plumsock Mesoamerican Studies/CIRMA, 1999), pp.66-67.
22 Gustavo Palma Murga, “Economía y sociedad en Centroamérica, 1680-1750”, en Historia General de Centroamérica, Tomo II, Julio César Pinto Soria, editor del tomo (Madrid: Sociedad Estatal Quinto Centenario/FLACSO, 1993), pp.285-286.
23 Los Habsburgo se extinguieron en España con la muerte de Carlos II en 1700, quien nombró heredero al trono a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia. Felipe subió al trono en 1701, iniciándose así la guerra de sucesión española que finalizó en 1713. La paz firmada en Utrecht reconoció a Felipe V como monarca pero prohibió la unión de Francia y España en una sola Corona. Como parte del tratado, Luis XIV hizo importantes concesiones a Inglaterra en Norteamérica y devolvió los Países Bajos a la Casa de Austria. Con la dinastía borbónica se inició en España la época del despotismo ilustrado, cuyo máximo exponente fue Carlos III. En los años de su reinado (1759-1788) se aceleraron las reformas que reestructuraron el sistema colonial español.
24 Miles L. Wortman, Government and Society in Central America, 1680-1840 (New York: Columbia University Press, 1982), p.129.
25 Ibid., p.130.
26 Héctor Pérez Brignoli, A Brief History of Central America (Berkeley: University of California Press, 1989), p.43.
27 Wortman, Op. cit., pp.10-11.
28 Ibid., p.26; Pérez Brignoli, Op. cit., pp.48-49.
29 Palma Murga, Op. cit., p.252.
30 Miles L. Wortman, “Government Revenue and Economic Trends in Central America, 1787-1819” Hispanic American Historical Review, 55:2 (1975), pp.255 y 257. Pérez Brignoli, Op. cit., p.57.
31 Ibid., p.274.
32 Ibid., p.278.
33 Recopilación de las leyes de los Reynos de las Indias, 1681, edición facsímile (México: Miguel Angel Porrúa, 1987), Libro VI, Título V, Ley I, Tomo I, p.208. En adelante: RLRI.
34 Kramer, Op. cit., p.1; Salvador Rodríguez Becerra, Encomienda y conquista: los inicios de la colonización en Guatemala (Sevilla: Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1977), p.82.
35 Ibid., p.250. Traducción libre al español de la versión en inglés del documento original. La frase “os sirváis en vuestra casa, hacienda y granjerías” era habitual en las cédulas de encomienda. Rodríguez Becerra, Op. cit., p.115.
36 Rodríguez Becerra, Op. cit. p.85.
37 Wortman (1982), Op. cit., p.9.
38 Wendy Kramer, W. George Lovell y Christopher H. Lutz, “Las tasaciones de tributos de Francisco Marroquín y Alonso Maldonado, 1536-1541” Mesoamérica 12 (1986), pp.357-360. Los documentos no hacen referencia al tamaño de la población de tributarios por cada comunidad.
39 Kramer, Op. cit., pp.187-188.
40 Ibid., pp.77-78.
41 La tasación de Cerrato incluyó el territorio comprendido ente Chiapas y Nicaragua y no abarcó la totalidad de los lugares poblados en ese momento. Al mismo tiempo en que se realizaba la tasación, se puso en práctica otra política colonial, la congregación, que consistió en reunir en un solo lugar a población dispersa o proveniente de diferentes comunidades. Su objetivo era facilitar la evangelización pero sin duda contribuyó al control de la población indígena. W. George Lovell, Christopher H. Lutz y William R. Swezey, “The Indian Population of Southern Guatemala, 1549-1551: An Analysis of López de Cerrato’s Tasaciones de Tributos” The Americas, 40:4 (1984), pp. 467-468.
42 Rodríguez Becerra, Op. cit., p.119.
43 Elías Zamora Acosta, Los mayas de las tierras altas en el siglo XVI: tradición y cambio en Guatemala (Sevilla: Excelentísima Diputación Provincial de Sevilla, 1985), p.252. La encomienda de Sancho de Barahona era extensa, comprendía el señorío tz’utujil que incluía poblados en la bocacosta.
44 Ots Capdequí (1941), Op. cit., pp.29-30.
45 En 1574, de la encomienda de Atitlán se recibía 260 cargas de cacao, 606 mantas de algodón, 37 docenas de gallinas, 230 fanegas de maíz y 6 arrobas de miel, que se repartía entre todos los miembros de la comunidad afectos al pago del tributo. Zamora Acosta, Op. cit., p.253.
46 Ibid., pp.246-247.
47 Para el valor equivalente del peso plata durante el período colonial véase el Apéndice 1, al final del capítulo.
48 Francisco de Paula García Peláez, Memorias para la historia del antiguo Reino de Guatemala, 3ª ed., Tomo I (Guatemala: Sociedad de Geografía e Historia, 1968), p.222.
49 Ibid., pp.262-263. La real orden de Felipe II en RLRI, Libro VI, Título V, Ley XVI, T.I, p.210. Es de hacer notar que desde mediados de la década de 1570 los indígenas que no figuraban en un padrón tributario o en una jurisdicción tributaria (indígenas naborías) empezaron a pagar una forma de tributo o impuesto por persona, que también se aplicaba a los negros y mulatos libres y a los zambos. La Corona veía a negros y mulatos como una fuente adicional de ingresos y como los consideraba más prósperos que los indígenas les exigía un tributo per capita más alto. Christopher H. Lutz, Santiago de Guatemala: historia social y económica,1541-1773, edición revisada (Guatemala: Editorial Universitaria, 2006), p.341.
50 Wortman (1982), Op. cit., p.174. Otras fuentes señalan que la real orden que conmutó el pago en especie por moneda es de 1733. Palma Murga, Op. cit., p.245.
51 La encomienda fue abolida en 1720.
52 Pérez Brignoli,, Op. cit., pp.39-40; Manuel Fernández Molina, “Los tributos en el Reino de Guatemala” Economía, 12:40 (1974), pp.37-39.
53 Se llama Reconquista al proceso de expulsión paulatina de los árabes de la península ibérica. La reconquista abarcó alrededor de trescientos años (aunque algunos autores sitúan como inicio de esta etapa la ocupación árabe en el siglo VIII) y finalizó con la derrota del Reino de Granada en 1492.
54 Webre, Op. cit. p.170.
55 Ibid., p.171.
56 Ibid., p.175; Wortman (1982), Op. cit., p.52.
57 Adriaan C. van Oss, Catholic Colonialism: A Parish History of Guatemala, 1524-1821 (Cambridge: Cambridge University Press, 1986), p.81. Para un estudio detallado sobre las finanzas de las parroquias, véase el capítulo 3.
58 Wortman (1982), Op. cit., p.283.


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La Federación Centroamericana, 1823-1840
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CAPÍTULO III LA ÉPOCA INDEPENDIENTE, 1821-1944
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Conclusiones Capítulo II: El régimen colonial, 1524 – 1821
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